El oscuro rastro de Ikea en las prisiones de la Alemania comunista
Fuente: http://www.zoomnews.es/343273/economia/economia-real/pasado-oscuro-ikea-las-prisiones-rda

La multinacional sueca se sirvió de mano de obra muy barata de presos políticos de la RDA.
"Hubo violaciones masivas de los derechos humanos, y no se cumplieron las convenciones internacionales", según el politólogo que ha elaborado una investigación sobre el caso.
El brillante presente de algunas grandes firmas europeas, como la marca sueca Ikea, no permite dejar de lado algunos oscuros capítulos de su historia. Al menos esto es lo que ocurre en Alemania. Porque hay compañías, como la multinacional minorista de muebles, implicadas en las inhumanas prácticas laborales de la extinta República Democrática de Alemania (RDA).
Como Ikea en su día, otras empresas se sirvieron de mano de obra muy barata de las cárceles de una dictadura comunista que no dudó utilizar a sus presos políticos como esclavos. En 2012, Ikea reconoció haber sido cómplice de la RDA en estas prácticas. Las circunstancias relativas a esta cooperación aún deben aclararse.
En pro de esta aclaración trabaja el politólogo Christian Sachse. Este investigador presentó hace poco un informe de medio millar de páginas con algunos estremecedores descubrimientos. A saber, según explica al ser entrevistado por ZoomNews: "que los trabajos forzados en la RDA estuvieron apoyados y organizados por el Partido Comunista, que dominaba el Estado.
Que había una estrecha simbiosis entre el cumplimiento de las penas, la industria y la política. Que hubo violaciones masivas de los derechos humanos, y que no se cumplieron las convenciones internacionales".
En suma, que hubo "una explotación al máximo de los prisioneros, que fueron enviados a realizar los trabajos más duros en las minas o en la industria metalúrgica, donde el número de accidentes laborales era muy elevado y donde se acababa con la salud de los prisioneros", añade Sachse.
Varias decenas de miles prisioneros, entre 10.000 y 50.000 según algunas estimaciones, sirvieron en los programas de trabajo que la RDA reservó a sus encarcelados. Entre éstos figuran aquellas personas descubiertas manteniendo "contactos" con organizaciones de la capitalista República Federal de Alemania (RFA), quienes "protestaron" o se atrevieron a "criticar" el sistema político de la RDA y quienes solicitaron "libertad de prensa e información", según recuerda Sachse.
Esos eran los presos políticos, colectivo que incluía igualmente a las personas que consumieran productos culturales occidentales (discos, libros, etc.) y, por supuesto, los objetores de conciencia.
Utilizándolos como trabajadores, las cárceles de la RDA sirvieron de talleres baratos en los que producir mucho y pagar poco o muy poco. Grandes firmas del capitalismo germano también se beneficiaron del particular régimen de explotación de la Alemania Oriental. Antes de ir a la aventura a los países emergentes del sudeste asiático en busca de mano de obra barata, bien merecía la pena encontrar socios en las cárceles alemanas del otro lado del telón de acero.
Así parece que pensaron su estrategia de negocio las empresas que han sido señaladas como implicadas en este uso de prisioneros. Son, por ejemplo, la multinacional Siemens, la especializada en ingeniería Krupp, la cadena de supermercados Aldi u otras firmas relevantes de la industria germana del metal (Klöckner & Co. y Mannesmann). En total, según las cuentas de Sachse, más de 6.000 compañías utilizaron mano de obra de las cárceles de la RDA.
De resultas, bien puede apuntarse que parte del conocido como "milagro económico" germano, obrado en la República Federal de Alemania durante los años 50 y 60, se debió a un pacto oscuro y silencioso con el comunismo. "La economía alemana y la de Europa occidental logró grandes ganancias gracias a unos trabajos forzados que salían tirados de precio", subraya Sachse.
Las disculpas de Ikea
Ikea reconoció hace muy poco su implicación en este sistema de explotación. A finales de 2012, emitió un comunicado en el que daba cuenta de que "pese a que el Grupo Ikea dio pasos para asegurar que no se utilizaban presidiarios en su producción, está claro que estas medias no fueron lo suficientemente eficaces".
Así se manifestaron en la empresa una vez se dieron a conocer los resultados del informe que encargó sobre esta espinosa cuestión a la auditora británica Ernst &Young.
Con todo, hubo que esperar décadas a que esos hechos fueran reconocidos por el gigante nórdico. "Muchos prisioneros sabían que estaban trabajando para Ikea, y la prensa dio cuenta de ello en los años ochenta, pero nadie quiso saber nada", expone Sachse.
Treinta años después de aquellas informaciones obviadas por fabricantes y consumidores, y casi dos décadas después de que Ikea llegara a países como España –la empresa sueca abrió su primera tienda en la península a finales de los noventa–, la firma de muebles pidió disculpas. Se convirtió entonces en la primera que formalizaba un sentimiento de culpa, a priori compartido por otras grandes compañías alemanas.
Pero éstas, de momento, callan. "Algunas compañías han prometido hacer lo mismo que Ikea, a través de investigaciones, por ejemplo, pero, hasta ahora, no ha ocurrido nada", según Sachse.
Suena pesimista este investigador al referirse a la implicación de figuras políticas para que se reconozca el sufrimiento de las víctimas de las cárceles de la RDA. "Los políticos sólo han mostrado un interés limitado en este asunto, hay algunos que quieren apoyar a los expresos de la RDA, pero muy pocos", sostiene el investigador. "Muchos temen el coste de una compensación", añade. No obstante, incluso con una buena dosis de voluntad política para ajustar cuentas con el pasado comunista del país, parece imposible que este capítulo de la historia germana vaya a esclarecerse pronto.
El sistema de aprovechamiento de la mano de obra de las prisiones de la RDA estaba tan a la orden del día que, según otros especialistas en la cuestión, hay "muchas empresas que no saben" hasta qué punto se sirvieron de esos trabajadores.
Lo cree así Roland Jahn, comisario federal responsable del archivo de la Stasi, la policía secreta de la RDA. Él espera que, después de haberse hecho público el trabajo de Sachse, "más empresas se interesen en los negocios que mantuvieron" con la Alemania comunista. Eso fue lo que hizo Ikea, y acabó pidiendo perdón.
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