Por qué la llamarada solar del 14 de febrero no provocó el caos en la Tierra
Fuente: http://www.abcdesevilla.es/20110224/ciencia/abci-llamarada-solar-201102240839.html
Fue una simple cuestión de suerte. De campos magnéticos alineados de tal modo que toda la energía enviada por el Sol se desvió de forma inocente hacia los polos de la Tierra. Si el ángulo relativo de los dos campos (el de las partículas solares y el terrestre) hubiera sido otro, las cosas se habrían podido poner muy feas para nosotros. Ahora, y una vez pasado el peligro, los científicos miran al futuro con preocupación.
La "tormenta de San Valentín" sólo ha sido la primera de un ciclo solar, el número 24, que acaba de comenzar y que se prevé mucho más activo que el anterior. Se calcula que, en los próximos meses, se producirán no menos de 1.700tormentas solares de igual o mayor intensidad de la que nos dejó milagrosamente indemnes la semana pasada.
El pasado 14 de febrero, justo a tiempo para San Valentín, la sonda SDO (Solar Dynamics Observatory) de la NASA fue testigo de una potente erupción solar que apuntaba directamente a la Tierra. Los instrumentos de la nave detectaron una llamarada masiva de clase X, la más potente de cuantas es capaz de emitir el Sol y la mayor detectada durante los últimos cuatro años.
Los astrónomos se prepararon para el impacto de una gran tormenta geomagnética y los expertos en "meteorología solar" predijeron que potentes chorros de partículas cargadas procedentes del Astro Rey impactarían contra el campo magnético terrestre desestabilizando los sistemas de comunicaciones y navegación en la mitad diurna del mundo.
Numerosas auroras boreales
Sin embargo, y con la excepción de algunos problemas en las redes chinas de satélites, nada de todo eso sucedió. Hubo, eso sí, una serie espectacular de auroras boreales, pero para verlas había que estar muy al norte, en Alaska, Canadá o Finlandia.
De hecho, la tormenta geomagnética generada por la llamarada solar del 14 de febrero apenas si alcanzó la categoría G1 en la escala de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA), la más baja para esta clase de fenómenos. La máxima puntuación, G5, se aplica a tormentas geomagnéticas de fuerza extrema, capaces de "freir" en pocos segundos las redes eléctricas y de provocar auroras boreales más al sur de Florida.
¿Pero qué fue exactamente lo que sucedió para que lo que parecía ser una fiera enfurecida se transformara de repente en un inofensivo cachorro meteorológico?. No somos aún capaces de decir cómo de fuerte será una tormenta geomagnética hasta el momento mismo en que se produceLos expertos lo tienen claro. La tormenta fue tan débil porque las líneas del campo magnético de la llamarada solar estaban alineadas en paralelo con las del campo terrestre.
Cuando el Sol envía, como hizo el pasado día 14, una enorme masa de plasma ardiente hacia nuestro mundo (lo que se conoce como una eyección de masa coronal), las partículas que la componen tienen su propio campo magnético, independiente de los de la Tierra o el propio Sol. Y resulta que los astrónomos, hoy por hoy, son incapaces de determinar la dirección del campo magnético del plasma hasta el momento mismo de su impacto contra la Tierra.
Si el campo magnético del chorro de plasma resulta ser, como fue la semana pasada, paralelo al de la Tierra, las partículas cargadas procedentes del Sol serán bloqueadas por el escudo magnético natural de la Tierra y no podrán penetrar a través de la magnetosfera. Sin embargo, una llamarada idéntica a la que se produjo el día de San Valentín, pero con un campo magnético con dirección perpendicular al nuestro, habría causado una tormenta infinitamente más fuerte.
"Si el campo magnético del plasma está en paralelo al nuestro -explica el experto en climatología espacial Juha-Pekka Luntama, de la Agencia Espacial Europea- entonces los escudos están levantados y estaremos bien protegidos". Pero la próxima vez podríamos no ser tan afortunados en cuanto a su alineación.
Habrá muchas «próximas veces»
Y habrá, sin duda, no una sino muchas "próximas veces". En efecto, se espera que durante los próximos meses se produzcan por lo menos 1.700 tormentas geomagnéticas como la de la semana pasada. Un número que se irá incrementando a medida que el Sol avance en su nuevo ciclo de actividad.
Grandes períodos de violencia solar que pueden durar once añosLa tormenta de la semana pasada solo fue la primera de este nuevo ciclo solar, el número 24, que acaba de comenzar. Como los científicos saben muy bien, el Sol alterna periodos de calma con otros de gran violencia en periodos (o ciclos) que duran once años. Y el último mínimo en la actividad solar (del que acabamos de salir) ha sido mucho más largo y tranquilo de lo que es habitual, lo que nos ha proporcionado varios años de engañosa tranquilidad.
Unos años, por cierto, durante los que nuestra dependencia de la tecnología ha aumentado exponencialmente, dejándonos mucho más indefensos frente a eventos capaces de interrumpir las comunicaciones e inutilizar las centrales eléctricas de las que casi todo depende.
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