Obama se arriesga a una nueva secesión de los Estados Unidos
Un 18% de los americanos está dispuesto a defender la independencia regional, y en 37 estados se han introducido leyes a favor de la soberanía. Mientras la Administración demócrata sigue empeñada en su idea centralista del país, EE UU va camino de enfrentarse a una tormenta revolucionaria.
Desde el principio de su carrera a la Casa Blanca, Barack Obama buscó deliberadamente identificarse con el decimosexto presidente de los Estados Unidos y el primero por el Partido Republicano, Abraham Lincoln, con la excusa de que ambos fueron senadores por el Estado de Illinois.
Sin embargo, otro punto en común entre ambos podría gustarle menos al actual mandatario demócrata: la guerra de secesión entre los estados que vivió el primero (1861-1865) y que corre riesgo de presidir el segundo.
Estados Unidos va camino de enfrentarse a una tormenta revolucionaria. Mientras la Administración Obama sigue empeñada en su idea centralista del país, los grupos antigobierno empiezan a salir de debajo de las piedras. Junto a las milicias y las corrientes de protesta ciudadana, se está desatando una nueva ola de movimientos secesionistas que se oponen a las medidas políticas federales que consideran anticonstitucionales.
Estas organizaciones a favor de la emancipación tienen presencia en más de 25 estados y comparten un deseo inspirado en los tiempos coloniales: convertir sus regiones en repúblicas independientes. "Menosprecia y estrangula"
Una encuesta realizada por la compañía de sondeos Zogby International, afirma que casi una cuarta parte de los estadounidenses cree que "cualquier estado tiene derecho a la secesión”. Además, el 18% afirmó que “apoyaría la independencia de su región”.
Este fenómeno ya fue pronosticado por el gobernador de Texas, Rick Perry, hace un año. En una de las concentraciones que celebró el Tea Party en Dallas, pidió públicamente la secesión para convertir el estado de la estrella de nuevo en una república.
“Menospreciando a los americanos y estrangulándolos a base de impuestos, gastos y deuda, podrían llegar a hartarse tanto que en algún momento podrían desear independizarse”, desafió Perry. Aunque gran parte de los estadounidenses rechaza la tendencia separatista, expertos políticos y sociólogos estiman que la reaparición de los movimientos secesionistas forma parte de la llamada “oleada anti-Washington”, que se está extendiendo rápidamente por todo el país.
Uno de los primeros en mostrar su deseo de independencia fue Thomas Naylor. Este ex profesor de economía de la Universidad de Duke lidera la Segunda República de Vermont, una red de ciudadanos cuya intención es separar el estado de Nueva Inglaterra del “imperio estadounidense”.
Mientras, sus vecinos del noroeste imaginan la República de Cascadia, que estaría formada por Washington, Oregón y la provincia canadiense de Columbia Británica. La idea de este territorio se remonta al tercer presidente estadounidense, Thomas Jefferson, quien imaginó el establecimiento de una nación independiente en la porción occidental del continente norteamericano. Además, California ha tenido hasta 27 intentos infructuosos de secesión, bien del gobierno federal o de división interna del propio estado. El último, en 2009.
"Obamageddon"
Gran parte de esta revolución se explica por la persistente intención del Gobierno de promulgar leyes que se oponen a la Constitución. Como defensa, los estadounidenses se aferran a la décima enmienda que establece que cada estado “tiene soberanía, libertad e independencia”, y que los poderes que la Carta Magna no otorgó al Gobierno federal “pertenecen a los estados y al pueblo”.
Michael Boldin, fundador del Centro de la Décima Enmienda de Los Ángeles, una organización que lucha contra el abuso de poder por parte de Washington, explicó a LA GACETA que “el Gobierno federal ha ejercitado sus poderes más allá de lo permitido en la Constitución durante mucho tiempo”. Para Boldin, “una sociedad libre debería terminar con esto o simplemente negarse a obedecer las leyes injustas”.
Pero, ¿es capaz un estado de desafiar las leyes del Gobierno estadounidense? La décima enmienda ya ha posibilitado que muchas regiones promulguen leyes contrarias a las federales. Boldin asegura que “en 37 estados se han introducido legislaturas a favor de la soberanía estatal y al menos en siete han sido aprobadas”. Un ejemplo de ello es el uso de la marihuana, permitido en California pero penalizado en el resto del país.
Otro debate abierto de actualidad es la propuesta de Obama para acotar el uso de armas y que se opondría a la segunda enmienda, donde se expresa el derecho constitucional a poseerlas. Los Estados de Montana y Tenessee ya han decretado leyes que anulan la autoridad del gobierno federal en esta cuestión.
Lo mismo está ocurriendo con la reciente aprobación de la reforma sanitaria, donde ciertos artículos se enfrentan a la Carta Magna. Arizona, ya ha iniciado una votación para frenar la imposición del plan en su territorio.
“Mucha gente apoyó a Obama porque estaban hartos de guerras, torturas, espionaje y violación de la libertad personal. Pero Obama no solo no lo está cambiando sino que lo está incrementado” concluye Boldin.
Estados Unidos está reviviendo los fantasmas de uno de los peores momentos de su historia, cuando en 1861 los estados del sur decidieron separarse, provocando la Guerra de Secesión. Gerald Celente, un experto socioeconómico que predijo el desmembramiento de la Unión Soviética o la crisis de las subprime, entre otras, ve nubarrones en el futuro del país. Según declaró a la cadena de televisión FOX, Estados Unidos pasará a ser “un país subdesarrollado en los próximos cuatro años” y, como consecuencia, “en las Navidades del 2012 va a ser más importante poner comida en la mesa que un regalo bajo el árbol”.
Además, Celente augura que la subida de tasas provocará revoluciones, marchas y disturbios. Será lo que Celente ya ha bautizado como "Obamageddon".
/image%2F1402609%2F20181017%2Fob_047773_gilus.jpg)