Overblog Todos los blogs Blogs principales Política
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

Libia es el ejemplo más claro de cómo se puede transformar en contrarrevolución, una revuelta

Publicado en por Skiper

Fuente: http://blogs.tercerainformacion.es/inviernorojo/2011/10/26/libia-es-el-ejemplo-mas-claro-de-como-se-puede-transformar-en-contrarrevolucion-una-revuelta/

Autor: Hrod Mérida

Libia es el ejemplo contemporáneo más claro, de cómo una revuelta generalizada de la población, con un alto tinte y potencial revolucionario, puede ser transformada en una contrarrevolución, ante la perspectiva de injerencia militar del imperialismo, representado en la OTAN, y la falta de una organización independiente del proletariado.

 

 

La clase trabajadora en Libia, ha estado dividida, desde el comienzo de la revuelta, entre clase trabajadora nativa, y clase trabajadora extranjera. Para hacer frente a esta división, ninguno de los sectores que se han arrogado en dirigentes militares de la revuelta, han planteado ningún tipo de decretos o medidas, como la legalización, con plenos derechos de las masas de trabajadores extranjeros que residían en el país, en ciudadanos libios.

Todo lo más, la dirección de clase media de los Comités Populares que se constituyeron en varios puntos del país al comienzo de la revuelta, tan sólo se ha preocupado de saciar los estrechos intereses corporativistas de aquel sector de la clase media y trabajadora desplazado de las instancias funcionariales por la facción regente del poder.

 

 

 

Por su parte, aquel sector de la oligarquía desplazada por el régimen, de los altos funcionarios y jerarcas militares pasados de forma oportunista al bando de la revuelta, para tratar de controlarla y preservar sus privilegios, han encontrado un excelente aliado en el imperialismo extranjero.

Este les brinda la oportunidad de debilitar por vía aérea la resistencia de las fuerzas leales al régimen, mediante bombardeos indiscriminados que, en muchos casos, se han saldado con víctimas civiles entre la población.

 

 

 

Rápidamente organizaron un gobierno de transición, similar a las actuales Juntas Militares y gobiernos provisionales, continuadores del régimen anterior, que regentan Egipto y Túnez hasta la convocatoria de elecciones multipartidistas.

Este gobierno se constituyó como el CNTI, Consejo Nacional de Transición Interino, y está representado por excrecencias del antiguo régimen de gaddafi, elementos del aparato gubernamental, antiguos burócratas y embajadores, cabecillas de las fuerzas militares, y hombres de negocios.

 

 

 

Para lograr el apoyo incondicional de la cúpula dirigente del CNT, los intervencionistas extranjeros, maniobraron desde sus gobiernos y los organismos de la ONU, vacilando los primeros meses, retrasando todo lo posible la intervención extranjera, intentando conciliar con ambos sectores, cúpulas del régimen, y cúpulas del bando anti-régimen.

 Intentaron llegar a acuerdos con Gaddâfî, por una parte, a fin de que les permitiese mantener intactos sus privilegios en la explotación y exportación petrolera,  en caso de victoria. Y a la misma vez, buscaron negociaciones con la cúpula del CNT y el alto mando militar “rebelde”, a fin de obtener garantías de que respetarían los acuerdos y contratos petroleros con las multinacionales extranjeras, otorgándoles un trato más favorable a las empresas de aquellos países que estaban dispuestos a intervenir a su favor.

 

 

Esta clase de doble juego no pareció gustar a Gaddâfî quien, por otra parte, aún sentía temblar el suelo bajo sus pies, y era tan solo cuestión de tiempo que terminase cayendo su dictadura, en el hipotético y previsible caso, de que se reavivase, entre sectores de la población civil, dentro del bando leal, la revuelta.

En contraparte, Gaddâfî prometió tomar represalias, no respetando los acuerdos petroleros con aquellos gobiernos que habían comenzando a maniobrar en su contra.

 

 

Esto, junto con las promesas del CNT de respetar acuerdos petroleros y otorgar un trato más favorable a los gobiernos pro-intervención, terminó decidiendo a la coalición Francia-Gran Bretaña-EE.UU. y España, a la que luego se adheriría oportunistamente la Italia de Berlusconi –antes aliado incondicional, junto con Sarkozy, Aznar y Bush, de Gaddâfî– a intervenir “en favor” de las fuerzas rebeldes.

 

 

 

Esto en la práctica viene a ser, no a intervenir en favor de una mayor libertad, prosperidad y democracia para las amplias capas de la población civil, sino intervenir en favor de un mejor reparto en los acuerdos petroleros.

La intervención, per sé, no pretendía beneficiar a la base social de las fuerzas rebeldes, que tan sólo lucha por un cambio de régimen que ofrezca mejores condiciones de vida, tanto en lo económico como a nivel político, y de participación en la vida pública, a la población; pretendía beneficiar a aquel sector de la oligarquía militar, tribal y gubernamental libia, pasado a la revuelta, que optaba ahora, por apoyar las pretensiones del imperialismo, haciendo justicia a su retrógrado papel de “burguesía compradora”.

 A cambio, la oligarquía encarnada políticamente en el CNT, sólo tenía la misión de limpiar, de sus propias filas, a todo aquel sector descontento con el apoyo y la intervención de la OTAN.

 

 

 

Pero hay un problema, y es que un sector de las fuerzas rebeldes que son opuestas a la intervención extranjera lo componen milicias civiles de ciudadanos espontáneamente armados durante el inicio y transcurso de la revuelta.

Ésta, no cuenta con una organización política propia, pero tiene ideología, y compone la base social de la revuelta.

En los últimos días, con la victoria militar total del bando rebelde, dirigido por el CNT, pero con una fuerte base social de milicias civiles armadas, y la caída definitiva y muerte de Gaddâfî, ciertas tensiones, vigentes durante el transcurso de la revuelta, prometen reavivarse, en la medida en que el nuevo gobierno ha mantenido intactas, en más de las 3 cuartas partes, todo lo concerniente a la política económica neoliberal que ya comenzó, a lo largo de la década de los 2000 y parte de los 90, el anterior régimen de Gaddâfî, en estrecha colaboración con el imperialismo extranjero.

 

 

 

Habrá que esperar los próximos meses para ver si, ante la perspectiva de un probable recrudecimiento y profundización en las políticas neoliberales, por parte del nuevo régimen títere de la OTAN, se reaviva la contestación popular en contra del nuevo gobierno, con la perspectiva de nuevos enfrentamientos civiles; o si por el contrario, el nuevo gobierno títere termina imponiéndose en la palestra pública y militar, procediendo al completo desarme de los sectores de milicias armadas de base y desarrollando una contrarrevolución contra sectores políticamente disidentes

 

 

 

Revolución o contrarrevolución, en el actual marasmo en que se encuentra la revuelta árabe, con la caída de la dictadura de Gaddâfî y la implantación de un nuevo tipo de régimen-dictadura títere –con una base social fundamentalmente tribal, limitada al área oriental de Misrata y Bengazi–, no existe camino o punto intermedio.

 Cualquier etapa de transición intermedia estará marcada por la inestabilidad, y no quedará exenta de convulsiones sociales; con la perspectiva de una reavivación de la guerra civil, esta vez sí, con un trasfondo antineoliberal, y antiimperialista, y no tan sólo de “democracia” formal multipartidista, de por medio.

Comentar este post