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El resentido encapuchado

Publicado en por Skiper

Fuente: http://www.abc.es/20110814/internacional/abcp-resentido-encapuchado-20110814.html

Estamos en Inglaterra e intentamos buscar las primeras respuestas sociológicas en el pub. No es uno cualquiera, es «The Wishing Well», situado en la confluencia de Mare Street con Clarence Road, epicentro de los disturbios acaecidos el pasado lunes en el barrio londinense de Hackney, una de las «zonas cero» de los 4 días que avergonzaron al Reino Unido.

  

  

Vieja institución pública británica, el pub es uno de los pocos lugares del barrio donde no encontramos a esos jóvenes de entre 15 y 24 años que, ataviados con su sudadera con capucha -«hoodie»-, representan el espectro de la población que, según los primeros juicios, más ha participado en los saqueos de las tiendas. El estrato social en el local representa al viejo Reino Unido, en este caso de clase media-baja, pero que todavía conserva un estatus de prestaciones sociales. «¿Por qué?», preguntamos.

  

  

La primera respuesta a las características sociológicas del saqueador las encontramos en un hombre que bebe cerveza John Smith: «Por primera vez hay una generación de jóvenes que con 25 años aún no han trabajado, que no tienen prestaciones ni expectativas de nada. Pero quieren tener el último teléfono móvil o las mejores marcas». Otro de los allí reunidos no comparte la idea y los tacha de «meros alborotadores que han aprovechado unos días de salvajismo. Sin respeto a la autoridad y sin miedo a sus padres». ¿Oportunistas caprichosos o frustrados sociales? ¿Cuál es el perfil sociológico del «hoodie»?

  

  

 

 

El perfil del «hoodie»
En el ayuntamiento del distrito de Hackney nos recibe Jenny Leighton, jefa del gabinete de prensa del alcalde. Nos insiste en recalcar que el «hoodie» como fenómeno social «no se limita a un joven pandillero. No fueron sólo jóvenes los que asaltaron». En efecto, una caminata por Mare Street revela que la prenda en sí es utilizada por personas de toda índole: por algo estamos en país de lluvia.

  

 

Sin embargo, fueron los más jóvenes, los principales usuarios de la prenda, los que la utilizaron para no ser reconocidos por las cámaras de vigilancia de las tiendas. Además, el «hoodie» como nuevo alborotador del siglo XXI tiene sus propios rasgos distintivos: chándal Adidas o Nike, zapatillas de la misma marca si es posible, sudadera con capucha y bajo ella gorras y pañuelos, una cultura musical influenciada por el «hip-hop» -entre otros géneros-, jerga americanizada y gustos comerciales definidos que se reflejan en las tiendas que fueron objeto de saqueo -telefonía móvil, prendas deportivas y moda-. Hubo también algunos que echaron mano al alcohol o el tabaco.

 

 

 

Para el alcalde de Hackney, Jules Pipe, sólo hay una razón sociológica que movió al «hoodie» a lanzarse al latrocinio compulsivo: «Son víctimas de una sociedad tremendamente consumista. Deben darse cuenta de que el único modo de alcanzar sus aspiraciones es mejorando sus cualificaciones y habilidades laborales».

El «hoodie» no es pobre, en el sentido global de pobreza. Incluso puede ser rico -algunos de los detenidos tenían un estatus social medio-alto-. Tampoco responde a raza, religión u origen. Entre la turbamulta abundaron los espontáneos.

Seguimos paseando por Hackney, y nos topamos con una chica joven en el número 12 de Sutton Place. Podría ser una «hoodie», aunque en ese momento no lleve la prenda. De origen jamaicano, Julita McDowall tiene 25 años y nos aporta dos claves para entender al «homo capucha-vandálico» : «Son personas sin empleo y bajo la frustración del mundo de riqueza que no pueden alcanzar».

 

 

 

También alude a los recortes sociales que afectan a la juventud: «Esos chicos están siempre en la casa viviendo de sus padres o en la calle con sus pandillas. Los recortes han provocado que instalaciones deportivas o educativas hayan dejado de funcionar».

Ella no es «hoodie»: trabaja en el «Hackney Play Association», asegura. Y si no trabajase... ¿sería «hoodie»? En su respuesta aporta otra clave: «También es cuestión de educación, respeto». Y es aquí donde todas las miradas del Reino Unido se dirigen ahora: a la familia. La institución de instituciones.

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