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Partidocracia y Poder Económico (Parte 2 de 5)

Publicado en por Skiper

Autor:  Hrod Mérida  (Miembro de Socialismo Revolucionario, CIT)

Socialización de pérdidas y privatización de ganancias. Sobre el alcance de la actual crisis

 

 

En España, la actual crisis financiera y de desempleo, se ve rematada por la actual crisis del sector inmobiliario. Esta es el fruto, o consecuencia lógica, de años de efecto llamada y sobreinversión de capitales en el sector de la construcción, que prometía rápidos beneficios en poco tiempo.

 

 

Esta dinámica de sobreinversión se vio acompañada de un fuerte grado de especulación urbanística y financiera, basado en la extensión compulsiva de crédito fácil a familias trabajadoras.

Esta política de créditos fáciles, ha permitido un asombroso crecimiento del capital financiero en los últimos años, sobre la base de la deuda. A la vez, elevaba el nivel adquisitivo de un sector de la clase trabajadora, dando salida a toda una rama de la producción basada en artículos de consumo; pero sentaba las bases para una política de especulación de precios, y de rebaja de salario, sin que el consumo se viese resentido, lo que generaba una dinámica de endeudamiento, que era a su vez un disuasorio para la militancia sindical, encadenando al trabajador a su puesto de empleo y convirtiéndolo en sujeto pasivo.

 

 

 Este sistema ha llevado al agotamiento a un sector cada vez más amplio de la población trabajadora, disparando los índices de endeudamiento, y produciendo la caída paulatina del consumo.Esto produce el colapso de sectores como la vivienda, acarreando una crisis de sobreproducción, que la clase capitalista trata de resolver mediante la desinversión de capital sobrante, ahorrando en costes de producción y mano de obra, por medio de reformas laborales regresivas, abaratamiento del despido, flexibilización laboral, recortes de salario, deslocalizaciones, cierres de empresa, o despidos, lo que ha dado lugar al actual porcentaje de entre el 45 y 55% de paro en la juventud, por debajo de los 35 años.

 

 

 

Esta crisis estructural del sistema, es una crisis, por una parte, propia de la manera de hacer beneficios del capitalismo; en segundo lugar, es una crisis del actual modelo de explotación, llamado neoliberalismo, que viene usando la burguesía desde los últimos 30 años.

 

 

 

Esta política no es, en última instancia, más que la consecuencia lógica de un sistema de explotación, el capitalismo, que busca obtener máximos beneficios a costa de rebajar al máximo posible el salario que paga a la mano de obra (lo que limita su capacidad de consumo), cuando no se ve contrarrestado por una lucha firme, implacable, organizada, por parte de la clase obrera.

 

Fue la respuesta del capitalismo en un momento de crisis parcial de sobreproducción, a mediados de los 70, en que la clase obrera, debilitada por las sucesivas traiciones de la “izquierda” institucional (socialdemócratas en descomposición, estalinistas de medio pelo y eurocomunistas remozados pasados definitivamente al bando de la burguesía), se veía desmoralizada, incapaz de plantear una respuesta firme a la sed de lucro de sus patrones.

 

 

El conjunto de la clase trabajadora había sufrido importantes derrotas, como producto del fracaso o cese de la anterior oleada revolucionaria iniciada a partir de los años 50-60. Esto se hizo aún más grave tras la restauración del capitalismo en las antiguas economías planificadas del Este –con la llegada al poder del gobierno pro-capitalista de Deng Xiaoping a finales de los 70, en la República Popular de China, y la implantación del “socialismo con características de mercado”, la introducción de políticas de liberalización de la economía a finales de los 80 en los países del Este de Europa y la URSS, cuyo máximo exponente fue la Perestroika de Gorbachov, y la total y definitiva apertura a los capitales extranjeros iniciadas con la caída del Muro de Berlín, el desmantelamiento de la URSS decretado por Yeltsin, y la privatización, en diferentes fases, de amplios sectores de la economía; lo que se tradujo, a su vez, en un fortalecimiento del capitalismo a escala global y un recrudecimiento, en los países de Europa Occidental, de las políticas neoliberales, en las siguientes décadas–.

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