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Partidocracia y Poder Económico (Parte 1 de 5)

Publicado en por Skiper

Autor:  Hrod Mérida  (Miembro de Socialismo Revolucionario, CIT)

Parte 1. Características del actual régimen parlamentario

 

El actual régimen de oligarquía parlamentaria, se caracteriza por la alternancia de dos o más grandes partidos políticos en el gobierno. Estos obtienen financiación, en primer lugar, de los grandes grupos de poder económico: la oligarquía financiera, representada en los grandes bancos y oligopolios transnacionales.

 


En segundo lugar, reciben financiación del poder político, representado en el Estado, en función de su proporcionalidad en el reparto de cargos parlamentarios, o de sus fuentes locales de financiación. En tercer lugar, cuentan con el respaldo del llamado “cuarto poder”: el poder mediático, representado en los grandes medios de comunicación, que garantizan la difusión mediática de sus propuestas, representantes y candidatos. Esto genera una desigualdad palmaria, respecto a aquellos otros partidos que sólo cuentan con su base de afiliados como principal fuente de financiación. Esta desigualdad afecta al plano político, mediático y económico.

 

 

 

En cuarto lugar, en el plano jurídico, un conjunto de leyes, tales como la ley electoral, de partidos, etc., tienen por finalidad favorecer en el reparto de escaños a aquellos grupos con mayor peso en el parlamento y el electorado... De este modo, la igualdad formal sobre el papel, basada en el principio de un hombre, un voto, se convierte en poco menos que una monserga, un salmo “eclesial”, vacío de todo contenido práctico, que cede su paso a un sistema de privilegios en el reparto del poder.

 

 

En este sistema, la burguesía –aquella clase propietaria de los medios de producción, que extrae a la clase asalariada la plusvalía–, y dentro de ésta, sus principales oligopolios, adquieren mayor representación en el marco de las instituciones parlamentarias, pudiendo formar gobierno y ejercer un peso práctico de cara a la opinión pública, desplazando y relegando así a un plano menor a los partidos radicales u obreros.

 

 

 

Ello garantiza el turnismo entre las grandes fuerzas políticas alimentadas por el gran capital financiero (PP-PSOE, CiU-PSOE, PNV-PSOEPP, etc.), dando continuidad a sus políticas, y disuade, de la participación en las instituciones burguesas, a las organizaciones con propuestas radicales o favorables a los intereses de la clase trabajadora. Esta continuidad blinda, de facto, al sistema, y garantiza el mantenimiento de los intereses de la clase dominante en su conjunto.

 

De esta forma, la participación de la amplia mayoría de la población asalariada en la vida política queda relegada a la elección, una vez cada 4 años, de qué sector de la clase dominante se encargará de reprimirla y garantizar su explotación colectiva, por parte de empresarios y banqueros, desde parlamento.

Es un sistema diseñado para mantener alejadas de las grandes tomas de decisiones a las grandes masas de la población, y favorecer la concentración de poder y la toma de decisiones en manos de un reducido grupo de la sociedad. Éste cuenta con la gran propiedad de los medios de financiación, producción y comercio en sus manos: dueños y accionistas de grandes empresas multinacionales y bancos, los Emilio Botín, los Díaz Ferrán, los Bill Gates, los jeques de Golfo, y un largo etcétera.

 

 

 

Esta es la oligarquía que de facto pone en la mesa el conjunto de políticas antiobreras, conocidas como “neoliberales”, tales como la última reforma laboral, el retraso de la edad de jubilación, la dilapidación de los convenios colectivos, la privatización de empresas y servicios públicos o el inminente pacto del euro. Estas políticas causan, a cada paso, estragos en la población, rebajando y empeorando su nivel de vida hasta límites horrorosos, con la negación de los derechos de subsistencia más básicos: vivienda, empleo, y condiciones de trabajo, salario y pensión dignas.

 

 

 

Una minoría de advenedizos y aventureros políticos de toda laya, obtienen así, en este sistema, el caldo de cultivo propicio para, a través de los grandes partidos, escalar en su lucha personal por la obtención de cargos. Favorecen sus propias ansias privadas de lucro, con la sola condición de competir entre sí por ver quién está mejor cualificado para defender los intereses colectivos de los grandes empresarios y banqueros, convirtiéndose en correas de transmisión para sus políticas.

 

 

Ellos controlan el grifo que paga la orquesta, y deciden la música. Con ayuda de grandes salarios, de prebendas y medidas de excepción encaminadas a otorgarles inmunidad política y judicial, la mayoría de parlamentarios, que no gozan de medidas de control y redistribución de activos por parte de sus bases, son absorbidos por el sistema y convertidos en potenciales burgueses. De esta manera, son ganados al campo de la clase explotadora, la burguesía, dueña de grandes medios de producción y financiación: grandes empresarios, banqueros y hombres de negocios.

 

 

Este sistema ha entrado en crisis. Porque es incapaz de ofrecer, en los estrechos márgenes del parlamentarismo, una salida a las amplias masas de la población. Incapaz de ofrecer opciones de cambio real a la continua aplicación de las políticas “de austeridad”, basadas en recortes sociales, y en la obtención de la máxima tasa de ganancia a costa del aumento paulatino de la tasa de explotación sobre la mano de obra, conocidas comúnmente como “políticas neoliberales”, en las que prácticamente todos los gobiernos burgueses profundizan hoy, en el marco de la actual crisis financiera.

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