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La saga Kennedy continúa: Robert Jr. cuenta los detalles de una nueva conspiración

Publicado en por Skiper

Fuente: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013/06/13/la-saga-kennedy-continua-robert-jr-cuenta-los-detalles-de-una-nueva-conspiracion-122914/

“Los científicos y los médicos que trabajan en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en EEUU (CDC) son unos criminales porque envenenan a nuestros hijos a base de vacunas”.

 

 

La acusación del entrecomillado no fue lanzada por un pseudocientífico en un debate sin luz ni taquígrafos sobre teorías conspirativas varias, como podría parecer a primera vista dada la gravedad de dicha afirmación. Nada más lejos de realidad.

La crítica se realizó en una conferencia magistral auspiciada por la organización médica AutismOne y su autor es uno de los abogados más prestigiosos de EEUU, además de pertenecer a la respetada saga de un expresidente. Se trata de Robert F. Kennedy Jr., sobrino de RFK.

 

 

Firme defensor del medio ambiente y mordaz activista por la justicia social, en su currículum se puede encontrar una larga lista de batallas judiciales ganadas. No en vano, la revista Time lo ha apodado “el superhéroe de la ecología”. Entre sus victorias se encuentran la recuperación ambiental del río Hudson o el freno de la privatización del suministro de agua en Nueva York, aunque su lucha le acarreado diversos escarnios públicos protagonizados por sus rivales e, incluso, varias noches en los calabozos.

La última vez que los visitó fue hace tres meses escasos, tras ser detenido en una protesta contra la construcción del oleoducto Keystone cuando bloqueaba una carretera junto a otros manifestantes.

 

 

Desde hace más de una década, Robert F. Kennedy pertenece también al denominado ‘movimiento de los antivacunas’ (Anti-Vaxxer, según el término despectivo en inglés).

Otro de sus particulares caballos de batalla y que le ha valido serios escarnios públicos. Y es que hay demasiados “malos” en el relato conspiratorio de las vacunas. Desde la comunidad científica y médica, hasta el Gobierno de los EEUU y, principalmente, la industria farmacéutica. “Los criminales y mentirosos”, como los ha llamado el envalentonado Kennedy.

 

 

En EEUU y en la UE apenas quedan vacunas con timerosal

“Las vacunas están interrumpiendo el desarrollo neuronal de los niños y aumentan el riesgo de sufrir autismo”, afirma Kennedy. Una enfermedad mental, añade, que se ha disparado durante los últimos años. El culpable de esta enfermedad mental sería el timerosal, una sustancia usada como conservante en las vacunas y cuya composición principal es el mercurio, que supone el 49% de su contenido.

De hecho, tanto en EEUU como en Europa se está retirando este compuesto de las vacunas que se aplican rutinariamente a los niños.Las vacunas están interrumpiendo el desarrollo neuronal de los niños y aumentan el riesgo de sufrir autismo

 

 

El timerosal causó una fuerte polémica hace 15 años, cuando se publicó un demoledor estudio sobre sus efectos en la salud mental de los niños. La investigación, dirigida por Andrew Wakefield y publicada en la prestigiosa revista científica The Lancet, concluía que los nuevos casos de autismo entre los niños eran consecuencia directa de la sobredosis de vacunas con timerosal que recibían.

 

 

Wakefield se retractó públicamente de sus conclusiones en 2010 afirmando que había manipulado los resultados del estudio. Unas semanas después, la revista retiró el artículo por considerar que no contaba con la aprobación del comité ético local. Curiosamente, la rectificación llegó cuando ya habían pasado doce años desde su publicación. Para Kennedy no hay duda de que, tanto detrás de la decisión de The Lancet como la de Wakefield existen fuertes presiones de políticos y de la industria farmacéutica.

“Miente deliberadamente (refiriéndose a Wakefield) porque públicamente dice una cosa, a sabiendas de que no es cierta, y en privado dice todo lo contrario”, lamenta el abogado en unas declaraciones a la revista Salon.

 

 

“Mi tío se enfrentó a todo un departamento, y luego se supo que tenía razón”

Esta es la misma crítica que realiza a los científicos que han tratado de investigar sobre el tema y que, supuestamente, la industria farmacéutica los ha “invitado” a modificar sus conclusiones. Algo parecido ocurre con los medios y los periodistas.

“Para obtener informaciones sobre este tema acuden a los funcionarios públicos y a los fabricantes que, lógicamente, les dicen que no existe ningún problema. No he visto nunca a un periodista citar alguno de los múltiples estudios que definen el timerosal como el veneno más potente que puede haber para el cerebro”, añade Kennedy.

 

 

La teoría de la conspiración sobre la ocultación de esta sustancia conservante de vacunas, a base de mercurio, tuvo su punto álgido con la publicación del artículo Deadly Immunity en las revistas Rolling Stone y Salon. Sin embargo, unas semanas después ambas cabeceras lo retiraron alegando que contenía graves errores científicos.

Una decisión que alimentó todavía más dichas tesis, ya que sus defensores lo relacionaron con una acción de censura.

Como si se tratase de una cruzada personal a la que Kennedy está predestinado, este esquiva las continuas críticas de los científicos contra sus tesis recurriendo a la biografía de su tío: “El expresidente Kennedy tuvo que enfrentarse a todo su departamento de Agricultura y al final demostró que tenía razón. Yo estoy muy orgulloso de lo que hizo y nadie va a taparme la boca”.

 

 

Tenga o no razón, lo que no se puede negar es que la mayor parte de la literatura científica sobre este tema niega cualquier tipo de vínculo directo entre las enfermedades mentales y las vacunas con este compuesto de mercurio.

El pasado año se publicó el ensayo que sus editores presentan como “la obra definitiva para zanjar la polémica sobre las vacunas”, The Panic Virus (Simon & Schuster), en la que Seth Mnookin echa por tierra todas y cada una de las afirmaciones en las que se basa Kennedy. Una completa y rigurosa obra, como dan cuenta de ello las 66 páginas de notas al pie y las 38 de bibliografía.


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